El desamor en clave de humor

“Anda que no te quiero”, en el Teatro Alfil, nos acerca historias surrealistas aunque cotidianas

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El amor, o más bien el desamor, es el nexo común de diversas situaciones cómicas  (algunas muy cotidianas) y, ante todo muy absurdas, que protagonizan los actores principales de esta obra de teatro. “Anda que no te quiero” es el título de una función ágil, rápida y surrealista que Miguel Ángel Flores se ha encargado de escribir y los actores Jorge Gonzalo y Sandra Marchena o Inma Cuevas de escenificar.
El propio Gonzalo, que además dirige esta historia, comenta que la mayoría de escenas no concluyen demasiado bien (es lo que tiene el desapego) pero que “cuando se quiere a alguien, hay que hacer el esfuerzo de quedarse. Sin embargo, los personajes de todas las escenas lo quieren todo menos quedarse como están o con quién están”.

Individuos disparatados

    Por ello, en el escenario nos podremos encontrar a individuos tan disparatados como un excéntrico suicida que intenta tirarse de una azotea ante la mirada imperturbable de su pareja; un marido maltratado por su mujer en su intento frustrado por abandonarla; una anda-que-no-te-quiero-cornuda que pretende matar a su esposo, pero sólo por “solidaridad”… en definitiva, unos locos que, en realidad, se parecen demasiado a muchos de nosotros y que, en el fondo, representan tantas de las historias cotidianas que ocurren a nuestro alrededor.    Aunque algunas de las tramas que se plantean son trágicas, está muy claro que el autor se ríe de sus personajes y los coloca en situaciones límites y, a veces, ridículas. Además, todo va sucediendo a un ritmo tan acelerado que las risas se superponen unas a otras y los protagonistas acaban convirtiéndose en marionetas que sólo se trasladan de unos escenarios a otros.

Originalidad

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Es importante destacar la particular iluminación, la cuidada escenografía y el montaje que hace que, a través de una maqueta muy especial a escala y una simple cámara podamos conocer de primera mano los principales rincones del vecindario en el que ocurren todas estas historias. Original como mínimo.

“Anda que no te quiero” se está escenificando en el Teatro Alfil y ya va por su segunda temporada, lo que avala una diversión asegurada y la calidad de esta divertida apuesta teatral.

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Anna Karenina: entre el amor desenfrenado y la amargura

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– “Oh Dios mío, no me olvides; sólo te tengo a ti”.

– “¿Cómo iba a olvidarte? Tú eres mi felicidad”.

– “¿Felicidad? Tú has asesinado mi felicidad. ¡Asesino, asesino, asesino…!”

Quizás uno de los diálogos más impactantes de la nueva versión del clásico más conocido de León Tolstoi, “Anna Karenina”, el último film de Joe Wright, que repite historia de época y protagonista tras su personal visión de “Orgullo y Prejuicio”.

La británica Keira Knightley es la encargada de dar vida a esta heroína de la Rusia Imperial, a través de la cual podemos admirar a una actriz mucho más madura y entregada a un personaje tan complicado como extremo. Muy atrás ha quedado aquella Knightley que encarnó en 2003 a Elizabeth Swann en “Piratas del Caribe”.

anna-karenina En la actualidad, sus cometidos son muy diferentes. A pesar de su confesado miedo escénico (que afronta con sus propios trucos) se mueve por la pantalla como si el papel estuviese hecho a su medida. Karenina es una mujer “fuera de época” que pretende desafiar los convencionalismos sociales de la era que le ha tocado vivir (finales del siglo XIX) con el único fin de anteponer su pasión y, sobre todo, el amor. En este caso, el que siente por un oficial de caballería (interpretado por Aaron Johnson), a pesar de estar casada y tener un hijo.

Marginar socialmente

Por supuesto, y fiel al texto literario, la película también nos deja entrever una dura crítica a la aristocracia de la Rusia imperial, su hipocresía por marginar socialmente y señalar a la que consideran una adúltera (– “Se ha saltado las reglas y eso es peor que infringir las leyes” –subrayan), mientras la mayoría de los señores hacen lo propio con sus amantes casuales.

El otro gran sufridor de esta historia es el marido de Anna, un alto funcionario del Gobierno, Karenin, interpretado por un muy bien caracterizado e irreconocible Jude Law. Él está enterado del adulterio de su esposa pero es capaz de olvidar este hecho, a cambio de que se guarden las apariencias sociales:

– “Tú seguirás conservando tu posición, todos tus derechos y tus deberes pero debes dejar de verlo” – le dice a Anna Karenina.

Pero su mujer no está dispuesta a renunciar al único sentimiento verdadero que ha experimentado en su vida (-Estoy condenada; lo sé”-afirma mirando al cielo) y, por ello, la historia transcurre entre dos extremos: desde la pasión más desenfrenada hasta la amargura y el drama más desgarrado.

anna kareninaLa propia Knightley ha asegurado en una entrevista que siente tristeza por la protagonista de esta novela. “Ella ha probado el romance y la lujuria, y se convierte en la única manera que tiene de comprender el amor. Es incapaz de vivirlo en un contexto diferente. Por eso, acaba sintiéndose miserable; jamás volverá a sentir la sensación de aquella primera vez”.

Búsqueda de la felicidad

El tema de la religión también está muy presente, sobre todo encarnado en otra historia paralela que el director de la película no ha querido omitir: la de Levin, un terrateniente bondadoso, que pretende mejorar las vidas de sus siervos y que, incluso, trabaja a diario junto a ellos.

El latifundista busca su felicidad de forma incansable y de diversas maneras, hecho que consigue finalmente cuando encuentra a Dios y su vida se llena espiritualmente.

Cabe destacar ese curioso teatro que aparece en la mayoría de las escenas como un personaje más y que hace que, en ocasiones, casi confundamos, la película con una obra teatral, a la que le acompañan curiosas coreografías, danzas, cámaras lentas, congelación de las imágenes, telones que se abren y se cierran… ¡todo un espectáculo!