La felicidad a la que se aspira en un trabajo

Los empleados más contentos aseguran que no abandonarían sus puestos de trabajo. Por el contrario, cada año, aumentan las bajas laborales y los casos de ansiedad. La felicidad en el trabajo, por tanto, parece una quimera no apta para las compañías. Sin embargo, en ella han empezado a encontrar muchas otras la solución a una mayor productividad y el bienestar de todos, de la mano de un Chief Happiness Officer

 

Felicidad en el trabajo suena a lejana utopía. Sobre todo en época de crisis, supervivencia, falta de valores, superficialidades… Sin embargo, a un sector empresarial sí ha empezado a preocuparle el bienestar de sus trabajadores y cómo éste repercute en su labor diaria.

felicidad en trabajo

La razón de todo ello radica en que el binomio cultura de la satisfacción y productividad van unidos. Algunas grandes multinacionales ya se han dado cuenta de ello y han empezado a tomar medidas al respecto, con el fin de crear incluso mayor cultura empresarial.

happiness at work

Una persona pasa demasiadas horas al día en la compañía en la que trabaja, por lo que ese lugar ocupa un espacio fundamental en su vida. Y, sin embargo, para muchos, en lugar de ser un sitio agradable y personalizado -como su propia casa- acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla de la que diariamente quiere huir.

 Aislamiento, bajas…

Casos constatados de bajas por depresión, aislamiento social, baja autoestima, pavor a que el despertador suene cada mañana, ansiedad… suele ser demasiado habitual en las consultas psicológicas y, parece, que van en aumento.

baja laboral

El informe sobre “El absentismo derivado de la incapacidad por contingencias comunes” (ITCC), realizado por AMAT (Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo), confirma que el pasado año se produjeron más de cinco millones de bajas médicas de trabajadores por alguna enfermedad común. Supone un 12,7% más que en periodos anteriores y un coste de unos 14.400 millones de euros en concepto de prestaciones y salarios.

talento empresarial

Sin embargo, grandes compañías como Google, Airbnb, SAP, Salesforce u otras, sobre todo del sector tecnológico, se han dado cuenta de la importancia del valor de la cultura de empresa. Además, está más que demostrado que un clima y salud laboral óptimos influyen de manera decisiva -y positiva- en la productividad de los trabajadores.

 Chief Happiness Officer

 Ante el nuevo paradigma, se está optando por apostar por una nueva figura denominada Chief Happiness Officer (CHO) o responsable de la Felicidad, el encargado de velar por los objetivos personales de los empleados, el talento, la motivación… y, por supuesto, el rendimiento empresarial.

felicidad laboral

Trabajadores felices y reconocidos se quedan en sus puestos de trabajo. Es una realidad constatada pero que muchas compañías aún no se han planteado a la hora de apostar por esa estabilidad y talento personal. Además, y según las últimas encuestas realizadas en el Día Mundial de la Felicidad en el Trabajo (que se celebra cada 1 de abril), los empleados felices son un 12% más productivos. Asimismo, muchos de ellos (casi 4 de cada 10) revelaron el interesante dato de que estarían dispuestos a cobrar menos dinero a cambio de conseguir esa mayor felicidad laboral.

Por ello, quizás es hora de plantear una compañía como un verdadero enjambre que funciona gracias a una estabilidad de personas que quieren ser tratadas como tales en un entorno lo más armonioso posible.

 

 

 

 

 

 

Anuncios

El ciberacoso, el mal de la nueva generación

Cada año se registra un mayor número de casos de menores que son perseguidos por otros a través de la Red o del teléfono móvil. La mayoría no lo cuentan pero sus consecuencias son muy graves

acoso
bullying2
Las nuevas tecnologías por supuesto nos facilitan la vida pero también el anonimato.  Para muchos es una ventaja pero para otros, su día a día, se ha convertido en una auténtica pesadilla debido, principalmente, a esa invisibilidad que hace que afloren nuestros monstruos más ocultos.

Muchos jóvenes, y sobre todo niños menores de edad, ya no sólo temen el acoso que pueden sufrir en el colegio por parte de sus compañeros, sino que ahora tienen que hacer frente a aquellos posibles chantajes derivados de las redes sociales, por Internet o incluso a través del móvil.

Persecución virtual

El ciberacoso no es una novedad pero sí cada vez más frecuente. Un 13% de los adolescentes entre 14 y 17 años asiente haber sufrido este tipo de persecución, a través de la Red, tal y como asegura un estudio del Centro de Seguridad en Internet.

acosoY lo peor de todo, es que las cifras van en aumento, en función del mayor uso de teléfonos móviles, ordenadores personales, tabletassmartphones, y otros dispositivos conectados a Internet a los que los jóvenes tienen cada vez más acceso.
La consecuencia de todo ello deriva en depresiones, ansiedades, miedos, baja autoestima, violencia por parte de los compañeros, ya sea física, verbal o psicológica y, en casos más extremos, puede llegar incluso al suicidio.

Delitos desconocidos

En las líneas de ayuda a menores (anti-bullying) que existen aseguran que una de cada miedocuatro llamadas que se reciben en Europa son por acoso procedentes de otros compañeros, aunque es cierta que la mayoría de delitos se desconocen porque los adolescentes no lo denuncian por temor.
¿Cuál es la solución a todo este problema? ¿Mayor educación? ¿Más control paternal y educacional? ¿Políticas encaminadas en este sentido? Quizás una mezcla de todo ello pudiese mejorar la situación, aunque el primer paso es concienciar a la sociedad sobre la existencia de un problema que se agrava sin control año tras año.

Almacenes (con rejas) de Enfermos Mentales

cárcel

La cárcel es un sitio que nos aleja y encierra de todo lo que nos rodea y todos los que queremos, ya que, al fin y al cabo, ésa es su misión. No es un espacio agradable pero tampoco parece ser el mejor lugar para que alguien se rehabilite o se reinserte en la sociedad, tal y como demuestran día a día las personas que desfilan por este lúgubre lugar. Y si a esto se le suma que esa persona sufre algún tipo de trastorno psicológico, las circunstancias acaban complicándose aún más.

La existencia de psiquiátricos penitenciarios es un hecho; también en España. Concretamente existen dos: uno en Alicante y otro en Sevilla, dentro de la propia prisión de Sevilla II.

Población psiquiátrica

La evolución de la población psiquiátrica reclusa se ha disparado en poco más de una década. La misma asociación Pro Derechos Humanos denuncia que en las cárceles españolas, que además son las más pobladas de Europa, hay un total de 19.000 personas con alguna enfermedad mental grave (refiriéndose a cuadros psicóticos, depresiones y trastornos derivados de la droga como los más frecuentes). Asimismo, aseguran que el 90% de estos presos son esquizofrénicos paranoicos y que uno de cada cuatro internos tiene un trastorno mental. A esto se une el hecho de que en 1986 la Ley de Sanidad suprimió la existencia de los manicomios. Por lo tanto, hoy día no hay alternativas a los penales para estas personas. Así, el mismo José Chamizo, defensor del Pueblo Andaluz, ha acuñado una frase muy significativa para definir esta circunstancia, afirmando que las prisiones se han convertido en  “almacenes de enfermos mentales”.

cárcelRealmente tiene la razón. Para estas personas enfermas sólo existen actualmente unas 580 plazas en los dos únicos penales psiquiátricos que hay en el país. El resto de los presos con esquizofrenias, paranoias, o trastornos de personalidad acaban en distintas cárceles, generando un grave problema, no sólo por el aumento de  volumen, sino porque los funcionarios que los atienden no han sido adiestrados para tratar a este tipo de enfermos. Tampoco se ideó ningún tipo de red de centros de día o residencias de corta, media o larga estancia, ni se incentivó la coordinación con el resto de servicios de las respectivas comunidades.

Medicación psiquiátrica

Un ejemplo de esta omisión administrativa podría ser la cárcel asturiana de Villabona, donde el propio director de la institución, José Carlos Díez de la Varga, reafirma que “es algo muy preocupante el estado de estos presos, tanto o más que la masificación, porque con ellos, cualquier chispa puede hacer saltar el fuego”. Además, aporta cifras que aluden a que el 40% de los reclusos (en total hay unos 586) toma algún tipo de medicación psiquiátrica. Por eso, se alarma al exclamar rotundamente que “la prisión no es el lugar para un enfermo mental, no están diseñadas para eso, aquí hacemos lo que podemos, pero sólo pueden empeorar”.

Al margen de la importante labor de asociaciones, organizaciones no gubernamentales, algunos voluntarios o incluso la Iglesia, los enfermos mentales aún no han encontrado un hueco adecuado en la sociedad. Por lo tanto, esta situación pone de manifiesto que el tema de la salud mental sigue siendo una de las asignaturas más pendientes del país.