Gibraltar: una ventana abierta al narcotráfico

El Peñón de Gibraltar se ha convertido hoy día en una puerta abierta a la introducción de cocaína u otros productos ilegales hacia España. Para algunas familias es un modo más de subsistencia

 

película El niño, gibraltar ¿Ficción o Realidad? Realidad novelesca más bien, aunque nada alejada del entorno que día a día viven miles de ciudadanos de las poblaciones gaditanas de La Línea, Algeciras o Gibraltar.

La recién estrenada película española de “El Niño”, del director Daniel Monzón (que ya consiguió gran éxito y premios Goya con “Celda 211”) nos abre una pequeña ventana al mundo del narcotráfico que ocurre en el Estrecho de Gibraltar.

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Aunque para el resto del país quizás esta situación pueda parecer excepcional para los habitantes de las poblaciones que circundan el Peñón, esta situación se ha convertido en algo tan habitual que se ha asumido como ordinaria y hasta rutinaria.

Cocaína en gomas

Tampoco es un tema que se comente en cada esquina pero si abres bien el oído, quizás en un bar puedas incorporarte a esta conversación tan peculiar porque todo el mundo “conoce a alguien que conoce a un tipo o tiene a un amigo o a un familiar que…” ha transportado varios kilos de cocaína o pilotado una de estas gomas en alguna ocasión.

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Tan sólo 14 kilómetros distancian España de Marruecos formando el Estrecho de Gibraltar, un límite natural entre el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico. Sin embargo, ante ambos se abre todo un mundo de contrastes –sociales, económicos, políticos, religiosos, de costumbres…-, que hace que los dos países vecinos se alejen mucho más.

Medios insuficientes

En lo que sí coinciden, tanto España como Marruecos, en el tráfico ilegal y en pasar todo lo que puedan de un lado al otro de la frontera. Por ello, los controles se hacen cada día más necesarios, a pesar de que los esfuerzos por parte de las autoridades, a veces son insuficientes.

Recientemente, la Asociación Española de Guardias Civiles (AEGG) señala públicamente que “el contrabando en la zona de La Línea y por Gibraltar se ha ido convirtiendo en una forma más de subsistencia que genera un estilo de vida propio y es aceptado por una buena parte de la sociedad”.

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Y, además, en medio de esta situación, “los medios de los que disponemos son cada vez menores. La delincuencia está mejor organizada y dispone de mejor tecnología con embarcaciones de gran potencia”.

Recompensas

Es más, en ocasiones se han llegado a producir importantes accidentes que han puesto en peligro la vida, no sólo de estas personas (que en algunos casos sólo intentan ganarse la vida o el pan de sus hijos, aunque no muy honradamente) sino de las fuerzas de seguridad implicadas.

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¿Es necesario llegar a estos extremos a cambio de una recompensa económica? ¿Vida versus dinero?

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El ciberacoso, el mal de la nueva generación

Cada año se registra un mayor número de casos de menores que son perseguidos por otros a través de la Red o del teléfono móvil. La mayoría no lo cuentan pero sus consecuencias son muy graves

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Las nuevas tecnologías por supuesto nos facilitan la vida pero también el anonimato.  Para muchos es una ventaja pero para otros, su día a día, se ha convertido en una auténtica pesadilla debido, principalmente, a esa invisibilidad que hace que afloren nuestros monstruos más ocultos.

Muchos jóvenes, y sobre todo niños menores de edad, ya no sólo temen el acoso que pueden sufrir en el colegio por parte de sus compañeros, sino que ahora tienen que hacer frente a aquellos posibles chantajes derivados de las redes sociales, por Internet o incluso a través del móvil.

Persecución virtual

El ciberacoso no es una novedad pero sí cada vez más frecuente. Un 13% de los adolescentes entre 14 y 17 años asiente haber sufrido este tipo de persecución, a través de la Red, tal y como asegura un estudio del Centro de Seguridad en Internet.

acosoY lo peor de todo, es que las cifras van en aumento, en función del mayor uso de teléfonos móviles, ordenadores personales, tabletassmartphones, y otros dispositivos conectados a Internet a los que los jóvenes tienen cada vez más acceso.
La consecuencia de todo ello deriva en depresiones, ansiedades, miedos, baja autoestima, violencia por parte de los compañeros, ya sea física, verbal o psicológica y, en casos más extremos, puede llegar incluso al suicidio.

Delitos desconocidos

En las líneas de ayuda a menores (anti-bullying) que existen aseguran que una de cada miedocuatro llamadas que se reciben en Europa son por acoso procedentes de otros compañeros, aunque es cierta que la mayoría de delitos se desconocen porque los adolescentes no lo denuncian por temor.
¿Cuál es la solución a todo este problema? ¿Mayor educación? ¿Más control paternal y educacional? ¿Políticas encaminadas en este sentido? Quizás una mezcla de todo ello pudiese mejorar la situación, aunque el primer paso es concienciar a la sociedad sobre la existencia de un problema que se agrava sin control año tras año.