Superheroínas: reflejo de una sociedad

Una nueva versión de Wonder Woman verá a la luz en la gran pantalla. No es sólo una forma de seguir con la moda de los cómics, sino quizás de reivindicar el papel secundario que estas mujeres superheroínas siempre han tenido en su idílica sociedad

 SuperHeroinas

Superhéroes hay muchos en el mundo del cine y, la gran mayoría de ellos, nos han acompañado desde nuestra infancia. ¿Qué niño no ha soñado alguna vez con volar como Superman, ir saltando por los tejados como Spiderman, e incluso tener la fuerza de Batman y combatir contra el mal?

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Casi todos y, no sólo los más pequeños, sino que a muchos adultos aún les encanta poder disfrutar en la gran pantalla de las aventuras de estos seres sobrehumanos que viven entre nosotros y ayudan a que el mundo sea un poco mejor.

Wonder Woman

Sin embargo, y aunque en principio siempre han permanecido, en segundo plano, también existen las superheroínas. Quizás no han recibido todo el protagonismo que merecieran pero parece que la situación está cambiando.

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La editorial estadounidense DC Comics ha apostado por el renacimiento de un personaje ya mítico, quizás no tan conocido aquí en España, como es Wonder Woman (la Mujer Maravilla). Por ello, ya se han anunciado este próximo film (a cargo de la productora Warner Bros) para el que ya se buscan aspirantes. Nombres como el de Angelina Jolie o Kathryn Bigelow se han erigido en firmes aspirantes a heroínas americanas de una película que además estará dirigida por otra mujer.

Liga de la Justicia

Wonder Woman nació en los años 70, en pleno nacimiento del feminismo, y reivindicando el papel de las chicas en la sociedad. Asimismo, quiso dejar bien claro a sus compañeros de la Liga de la Justicia que poseía la misma capacidad y valía que ellos, pese a su imagen de auténtico símbolo sexual.

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En los 90 se volvió a rescatar aludiendo el denominado Girl Power, en referencia a los avances experimentados por ellas en los últimos años. Quizás estamos en plena crisis de valores y es preciso volver a sacar a esas superheroínas que llevamos dentro. O también parece necesario recordar –o incluso reivindicar- que, a pesar de los muchos triunfos que se han logrado a lo largo de los siglos, las mujeres (como las superheroínas de cómics) aún están relegadas a un segundo plano en muchos escalones de la sociedad actual.

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Peligrosas e insensatas feministas

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Las mujeres son peligrosas y deben estar, sin ninguna excepción, en casa. Y no lo digo yo, obviamente, es una afirmación del patriarca de la Iglesia Ortodoxa RusaKirill, quien asegura que “el feminismo es muy peligroso”. Y debe serlo para él, por supuesto, y más si esas pobres señoras que viven en Rusia enarbolasen la bandera de la libertad como hicieran allá a finales del siglo XIX–principios del XX aquellas que lucharon por obtener esa equiparación de derechos fundamentales.
¿Qué pensarían ellas si viviesen en nuestro siglo y pudieran observar barbaridades de este estilo? Creo que nunca soñaron con empezar una revolución para acabar metidas –como hasta entonces- en sus casas, cuidando de sus hijos, dedicada a sus labores diarias y a estar pendiente únicamente de sus maridos.

Genes diferentes

Y no hay nada malo en eso; pero al menos debería ser una opción muy personal y, sobre todo, no impuesta y, mucho menos, por otro hombre que se siente superior, sólo por el hecho de haber nacido con cromosomas diferentes.
No tiene ningún sentido. Y, además, así no avanzaremos nunca. Nos quedaremos estacados en siglos anteriores y no creo que la mayor parte de las mujeres queramos algo así. Evolución, eso sí nos suena mucho mejor a todas.

feminismoA este respecto, el jefe principal de la Iglesia rusa no pestañea al asegurar que “el hombre ha de estar enfocado hacia afuera, a trabajar y ganar dinero y la mujer hacia adentro de la casa, donde están los niños. Si esto no sigue siendo así, la patria rusa puede quedar destruida”.

Sociedad justa

Quizás este señor no sabe que destrucción es igual a no educación, estudios ni preparación y que una sociedad en la que no se trata a todos por igual, nunca puede ser una sociedad justa.
Pero a él eso no creo que le importe demasiado. Será tratado como un líder, un ser superior (¿por naturaleza/elección/religión…?) y su única misión es criticar sin más para apoyar a su amigo Vladimir Putin cuando alguna de esas “insensatas feministas” se les echa encima reivindicando alguna causa justa.

Cabeza de … proxeneta

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Por fin ha sido condenado, aunque tan sólo a 30 años de cárcel, o eso han debido pensar todas aquellas mujeres a las que estuvo vejando y agrediendo física y psicológicamente durante un largo tiempo. Ioan Clamparu, que así se llama este señor rumano, era más conocido en su entorno con el sobrenombre de “Cabeza de Cerdo”. Nunca se había puesto un apelativo más acertado y bien avenido y en, esta ocasión, me refiero obviamente a la segunda parte del mismo.

Qué debe pasar por la cabeza de una persona para convertirse en uno de los principales proxenetas de Europa buscado por la Interpol. En estas ocasiones, se suele especular con un trágico pasado plasmado de incomprensiones infantiles, maltratos,  soledades y muchas carencias. Sin embargo, en casos similares siempre tendemos a buscar culpabilidades secundarias. ¿Y si simplemente el tal Cerdo era un ambicioso sin más? ¿Y si disfrutaba –como hemos visto en muchas imágenes ocultas- de las cantidades ingentes de dinero de las que disponía y de creerse un nuevo “Padrino” al estilo Al Pacino? Su vida, básicamente consistía en fiestas, mujeres, drogas, trata de mujeres y prostitución. Junto con varios de sus cómplices, consiguió durante el año 2000 que un enorme grupo de mujeres rumanas llegasen a nuestro país creyendo que trabajarían de camareras o en el servicio doméstico. Pero a su llegada, contraían la típica deuda (casi de por vida) que tan sólo podían salvar ejerciendo la prostitución para él y, por supuesto, entregándole el dinero que consiguiesen. Para que todo fuese más creíble se las apañaba para convencerlas a base de amenazas, palizas, vigilancia y control permanente… o violaciones, como a la menor a la que obligó a abortar.
No entiendo porqué estas personas creen -a estas altura de siglo – sentirse más poderosas ejerciendo su engañosa supremacía sobre las mujeres, cuando en realidad proyectan sobre ellas sus múltiples frustraciones, sentimientos de inferioridad y primitivismo.  La violencia no les hace más fuertes frente a la aparente debilidad femenina. Las coacciones no les hacen ni mucho menos más libres ante la supuesta indefensión de esas pobres chicas extranjeras representativas de tantas otras en la misma situación.
Me quito el sombrero ante las que han dado un paso adelante y se han atrevido a testificar contra este singular personaje. Y ante todas las que se atreven a denunciar, a salir de un submundo o desvincularse de algún malnacido que las obliga a estar o realizar alguna práctica humillante y, sobre todo, no voluntaria. Chapó.